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Sobre la Clínica Veterinaria · Historia · Nuestro personal

Historia Fisac

Tendríamos que remontarnos al siglo XIX para encontrarnos al primer Fisac veterinario que ejerció la profesión en la provincia de Segovia, y fue Manuel Fisac en el año 1840. Desde ese año, y de forma ininterrumpida, ha habido uno o varios Fisac veterinarios.

Los hijos de Manuel, Damián y Donato Fisac Barrio, obtuvieron su título en 1884 y 1887 respectivamente, ejerciendo su profesión en la provincia de Segovia.

En 1911, Gregorio Fisac y Pérez, hijo de Donato se licenció en veterinaria y en 1919 lo hizo su hermano Buenaventura. Fue Gregorio quién construyó en Cantalejo (Segovia) el Sanatorio Veterinario Fisac y, en homenaje a su abuelo, puso en la fachada la fecha en la que obtuvo el título de veterinario, acompañado del año en el que él construyo el sanatorio.

 

Gregorio ejerció su profesión en Cantalejo y a su consulta acudían animales de diferentes puntos de la provincia de Segovia. Fue un adelantado a su época y construyó una de las pocas clínicas de grandes animales que había en España. En sus instalaciones había un quirófano, salas de enfermería y hospitalización para aquellos animales que lo requiriesen. Además de un clínico de referencia en équidos, fue un veterinario muy implicado en luchar y dignificar la profesión que tanto amaba. A su cargo tenía dos herradores que realizaban herrados ortopédicos además de los habituales.

Escribió diversos artículos para revistas profesionales y hay que resaltar una monografía de “Los castradores”.

Ocupó el puesto de Presidente del Colegio Oficial de Veterinarios de Segovia y su labor profesional fue reconocida con el título de Comendador del Mérito Agrícola.

Dos de sus hijos, Gregorio y Amancio Fisac Mardomingo (1950), estudiaron veterinaria en la facultad de veterinaria de Madrid, como todos sus antecesores, y como ya había ocurrido con generaciones anteriores, vivieron la veterinaria desde su infancia al lado de su abuelo Donato y su padre. Además de ser excelentes estudiantes, pudieron disfrutar de los conocimientos y la experiencia de su padre quien era un enamorado de esta profesión. La época y el lugar donde vivieron hizo que los animales de trabajo, en especial los équidos, fueran los que más casuística generaban en sus primeros años de vida y ejercicio profesional. La mecanización del campo hizo disminuir notablemente el censo de équidos, pero su formación y espíritu de superación hizo que se adaptasen a la evolución de la cabaña ganadera.

 

Gregorio Fisac Mardomingo, inicialmente ejerció la veterinaria en Torrecilla del Pinar (Segovia) para posteriormente hacerlo en Cantalejo.  Al igual que su padre, los équidos eran su debilidad y posteriormente hizo clínica de vacuno y otros animales de abasto, simultaneando tareas de Salud Pública.  Escribió artículos para revistas científicas de la época y actuó como profesor en cursos de formación. Ocupó el puesto de Presidente del Colegio Oficial de Veterinarios de Segovia y su labor fue reconocida con el título de Comendador del Mérito Agrícola.

 

Amancio Fisac Mardomingo, inicio su actividad profesional al lado de su padre para trasladarse en 1957 a Villamayor de los Montes (Burgos)  donde fue veterinario titular y ejerció su profesión. Su conocimiento y técnicas aplicadas en los équidos supuso una revolución en esa zona. El diagnóstico y tratamiento de las principales patologías de los équidos  hizo que, aquel veterinario joven llegado desde Cantalejo, adquiriese una fama entre los habitantes de la comarca teniendo todas las mañanas en su consulta animales de su partido veterinario y de otros que le eran referidos. El diagnóstico de cojeras y la aplicación de “fuego actual”  en el tratamiento de algunas de elllas hizo que, además del reconocimiento de los propietarios, sus compañeros de toda la provincia le hicieran Presidente del Colegio Oficial de Veterinarios de Burgos.

Con la desaparición de los équidos de trabajo, la ganadería del medio rural en la que se desenvolvía giro hacia el vacuno de leche y se especializó en reproducción y cirugía de vacuno. Junto con su hermano Gregorio, fueron pioneros en la realización de la cesárea en la vaca según la escuela alemana, realizándola con el animal de pié y por el flanco izquierdo. Fueron los clientes los que le requirieron para atender a sus animales de compañía lo cual lo hizo que actualizase sus conocimientos acudiendo a distintos congresos científicos a nivel nacional y europeo. Su consulta atendía animales de toda la provincia e incluso de provincias limítrofes.  Desempeñó el cargo de Jefe de la Sección Técnica del Consejo General de Colegios de Veterinarios de España. Su labor profesional fue reconocida en los lugares por los que pasó, desde el título de Comendador del Mérito Agrícola, Presidente de Honor de Colegio Oficial de Veterinarios de Burgos, homenajes en distintos municipios hasta poner su nombre en una de las calles de Villamayor de los Montes como Travesía del Veterinario Amancio Fisac Mardomingo.

 

Amancio, Tomás, Ana María, Carlos y Alejandro Fisac de Frías, hijos de Amancio Fisac Mardomingo, constituyen parte de la 5ª generación de Fisac veterinarios. La forma de vivir la profesión que vieron en sus padres, quizás influyó para que cinco de sus hijos tomasen ese camino.

 

 

 

Amancio Fisac, en su Villamayor

Vicente Ruiz de Mencía - domingo, 26 de octubre de 2008.- Artículo en Diario de Burgos

Ensillaré el pensamiento de la admiración para delinear unas palabras que vengan a rendir testimonio, nunca adulador, de la figura de un hombre sencillamente grande, que ahondó la reja en la tierra del trabajo y que sigue paseando la caballerosidad de su ejemplo por las trochas de Castilla, cuando el reloj de la vida enfila la recta hacia el reencuentro de cada día con su amistad. Este es don Amancio Fisac Mardomingo, un ilustre segoviano afincado hasta la médula en Castilla, en Burgos y en Villamayor de los Montes, pueblo de raíz cisterciense conventual, que le rinde en sus fiestas patronales el homenaje que en justicia le deben las generaciones que expresan ese incontenible sentimiento de gratitud.

Que un servidor público haya dedicado toda su vida a un mismo paisaje condensa un mérito incuestionable. Nació en Fuenterrebollo, allá en Segovia, en el seno de una familia de veterinarios que abarca, con él, la cuarta generación, más de 160 años, de padres y familiares que han cumplido con sacrosanto deseo la tradición impulsando a sus descendientes por ese mismo camino. Uno de sus hijos veterinarios Tomás, es presidente del Colegio de Veterinarios de Burgos y de Castilla y León, en aquél puesto, mucho tiempo desempeñado por su padre. La profesión que tiene esencia franciscana, remansa en el corazón de los veterinarios una sensibilidad especial por la vida y la naturaleza que cobra en estos momentos el perfume musical de todas las estaciones vivaldianas.

Medio siglo en el puesto vigilante del servicio de sol a sol, en el paisaje austero de largas tardes cansinas a orillas del Cubillo, mirando hacia las tapias del Monasterio, esperando del cielo la lluvia, la luz y la esperanza de seguir laborando el mañana, sin reloj ni tiempo que medir. En derredor, encinas campesinas, toque de oración, ladridos de perros que anuncian visitas y quejidos lastimeros de animales dolientes a los que alivió con ciencia y entrega.

Cumple con hoja de brillantes servicios, urgió en la Ciencia como buen universitario que investiga, caló en la historia que le permite conocer y amar la tierra y puso su corazón al viento del horizonte de la tierra burgalesa. No es más, siendo tanto. Amancio Fisac, hoy recibe una pequeña parte del calor permanente que entregó a todos, y justo es que al fundir el crisol de tantas identidades, las miradas sean limpias y el sentimiento sincero. Hoy como tantas veces, la sabiduría se reviste de madurez.